Tedioso




Domingo de hastío. Parece que esta ingrata sensación se ha apoderado de los últimos días de la semana de forma indefinida.
Añorando La Transversal, que como su propia cuña indica pasó de confundirme a convencerme.
Invitaba a cruzar el umbral de la realidad en un intento de sueño en el tránsito del domingo al lunes, siempre a oscuras y en soledad.

Delicada


Ten cuidado, florecilla.
Que los grandes peligros que te acechan noche y día no se lleven tu dulzura de un soplido, de un tirón o un chaparrrón.
Bienvenida a la ciudad, a tu ciudad, a tu otra ciudad, a tu mundo, a tu rinconcito, a tu subconsciente, al mundo real, al imaginario, al de princesas y prisioneros encerrados en torres escondidas en claros de bosques sombríos...
Sé siempre bienvenida allá donde quiera que vayas,
querida palabra.



La palabra bienvenida se ha colado demasiadas veces en mi blog, cual intrusa pretendiendo indagar en las profundidades del asunto.
Quiere ser excesivamente hospitalaria y generosa, una anfitriona ejemplar.
Conseguir que te sientas agusto cuando recorras el espacio que se ha encargado de presentar.
Y que si quieres te sientes y te tomes un café.

Bienvenida a la gran ciudad pequeña
 
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